Hoy
nos hemos levantado temprano para ir a Himeji (姫路市), ciudad ubicada al
oeste de Kobe que quedó casi arrasada por las bombas durante la Segunda Guerra Mundial, por eso es casi un milagro que su castillo todavía se mantenga en pie.
Si se coge la línea
Shinkansen, está a menos de una hora de Kyoto, Osaka o Kobe. Queremos
empezar nuestro recorrido visitando el Monte Shosha (書写山), así que al salir
de la estación de trenes de Himeji nos dirigimos a la de autobuses, donde
compramos un bono de ida y vuelta en teleférico (500Y solo ida y
900Y ida y vuelta). Allí mismo cogemos el bus nº 8 (250Y) que,
cruzando toda la ciudad, nos lleva hasta la falda de la montaña
donde se encuentra la entrada al teleférico, es la última parada y
se llama "Shosha". Tardamos unos 10 minutos en ascender por
la ladera de la montaña, mientras una chica hace una explicación
del lugar en japonés.
>> MAPAS: Guía por el Templo Engyoji en el Monte Shosha
>> MAPAS: Guía por el Templo Engyoji en el Monte Shosha
Cuando
llegamos al destino, en la base del teleférico hay unas taquillas
para entrar en la zona de templos, la entrada cuesta 300Y y tiene un
horario de visita de 8:30 a 17h. Hay la opción de coger el tiket
de 1000Y que incluye un viaje con el microbús hasta el centro del
complejo y un billete de admisión al restaurante. Nosotros decidimos
ir paseando y contemplando el paisaje.
Después
del parking hay un cruce de caminos para empezar el recorrido, allí hay una campana de estilo budista. Escojas el camino que escojas, ambos te
llevan al primer templo. Nosotros hemos escogido
el de la derecha que tiene una subida algo empinada en algunos
tramos. Mientras vamos caminando podemos ver un gran número de
representaciones de Kannon (三十三霊場観音像) (unas 33 esculturas) diferenciadas y muy
detalladas. En mitad del camino, a mano derecha hay un lugar para
descansar y desde ahí hemos contemplado el valle. En los arrozales
que hay en la base de la montaña hay dibujos que representan al
castillo y al pájaro, símbolo y anagrama del Monte.
El
primer punto de interés es Nio Mon (仁王門), una puerta budista que da la bienvenida al conjunto de edificios. Siguiendo el camino se pasa por
el templo Juryoin (寿量院) pero estaba cerrado y no hemos podido visitarlo.
Más adelante está el templo Maniden (摩尼殿), el más grande del complejo. Para
llegar a él hay que subir unas empinadas escaleras que llevan al
interior. En la base hay una pequeña tienda que hace a su
vez de posada. Allí decidimos descansar un rato y tomarnos un helado
que nos sabe a gloria. Hace mucho calor.
Girando a la izquierda y tras unos minutos caminando, llegamos al que fue escenario para algunas tomas de la película "El último samurái", se trata de los Templos Daikodo, Jikido y Jogyodo. El Daikodo (大講堂) es el que se consideraba el salón principal, el Jikido (食堂) era el alojamiento y comedor y actualmente tiene un museo en el interior y se puede entrar a visitar pagando 200Y. En él hemos podido ver una colección de figuras y objetos budistas antiguos. Y finalmente, el Jogyodo (常行堂)era el gimnasio.
Al
salir nos encontramos con una pareja de lugareños que nos invitan a
comer uva (recordemos que la fruta en Japón es un poco cara y
despreciar lo que es un manjar para ellos podría resultarles
ofensivo) y nos ponemos a conversar con ellos como podemos. También nos ofrecen un trozo de hielo para refrescarnos un poco. Muy
agradecidos, nos despedimos de los abueletes y nos dirigimos al
tamplo Kaizando (開山堂) pasando por un mirador desde el cual se puede ver la
ladera de la montaña con unas vistas preciosas. A partir de aquí
decidimos descender e iniciamos la bajada por un camino que nos adentra al espeso bosque, llegando a la campana del principio donde está la
bifurcación de caminos y de nuevo a coger el funicular.
Al
volver con el autobús nos bajamos en una parada frente al castillo,
y como es ya mediodía, aprovechamos para ir a comer en uno de los
diversos restaurantes que hay en la avenida. Después de reponer
fuerzas, nos ponemos de nuevo en marcha para visitar el atractivo
principal del lugar, el famoso castillo de Himeji (姫路城) junto a sus jardines,
llamados Kokoen. La entrada combinada nos cuesta 800Y.
El
edificio principal tiene seis plantas, una extensa bodega subterránea. En el piso superior hay un pequeño santuario llamado Osakabe Jinja (長壁神社) que antes de que se construyera el castillo estaba situado en el
monte de Himeji, lugar donde actualmente está el castillo.
Este
tipo de castillo fue desarrollado en los comienzos del siglo XVII, en
los tiempos en que Japón comenzó un periodo de paz que duraría 270
años. Con el final de las guerras, los castillos adquirieron un significado diferente al de la pura defensa y el mantenimiento del
poder. Sus bellas estructuras simbolizaron el espíritu del carácter
samurái y el prestigio de la localidad. El Castillo de Himeji es el
mayor de su clase que ha sobrevivido intacto en Japón y se dice que
es el más bello. Capas blancas de yeso cubren sus muros y también
sirven para estabilizar las tejas, este aspecto tan elegante ha dado
pie a que sea conocido como Shirasagi (白鷺美術), la “Garza Real Blanca”.
El
castillo actual fue construido en 1580 por Toyotomi Hideyoshi, donde
se situaba una fortaleza de los señores locales del siglo XIV y
ampliado unos 30 años después por Ikeda Terumasa, yerno del shogún
Tokugawa Ieyasu. Tokugawa Ieyasu concedió el castillo a Ikeda cuando
las fuerzas de éste vencieron a los ejércitos de Toyotomi. En los
siglos posteriores el castillo estuvo en manos de varias familias nobles samuráis hasta la restauración Meiji de 1868.
Se
conserva el mismo aspecto que presentaba en 1618, con apenas una
restauración del edificio. A diferencia de muchos otros castillos
japoneses, el de Himeji nunca ha sido destruido en ninguna guerra,
terremoto o incendio, y sobrevive hoy en día en su forma original de
1609. Es tesoro nacional y forma parte del patrimonio mundial de la
UNESCO desde 1993.
NOTA: El
Castillo de Himeji está en restauración desde octubre de 2009 hasta
marzo de 2015. Dependiendo del proceso, algunas
partes del castillo están cerradas al publico. Desde la primavera de
2011, los visitantes podrán observar el proceso de reparación
dentro de la estructura cubierta.
Se
puede destacar la residencia principal, con un estanque y una
cascada, un jardín de té en el que los visitantes pueden degustar
el té verde japonés, un bosque de pinos, jardines de bambú o
jardines de flores, incluso estanques repletos de carpas.
Cansados
de tanto caminar y por el calor que hace, nos dirigimos de nuevo a la
parada del bus que hay delante de la puerta principal del castillo y
volvemos a la estación de Himeji con la intención de regresar al
ryokan.
Como
estamos tan hechos polvo decidimos cenar algo ligerito en la
habitación y nos vamos pronto a dormir y reponer fuerzas para el día
siguiente.
*NOTA:
Información del Castillo de Himeji:
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