martes, 5 de agosto de 2008

Día 4: 05/08/2008 Monte Shosha y Himeji

Hoy nos hemos levantado temprano para ir a Himeji (姫路市), ciudad ubicada al oeste de Kobe que quedó casi arrasada por las bombas durante la Segunda Guerra Mundial, por eso es casi un milagro que su castillo todavía se mantenga en pie.
Si se coge la línea Shinkansen, está a menos de una hora de Kyoto, Osaka o Kobe. Queremos empezar nuestro recorrido visitando el Monte Shosha (書写山), así que al salir de la estación de trenes de Himeji nos dirigimos a la de autobuses, donde compramos un bono de ida y vuelta en teleférico (500Y solo ida y 900Y ida y vuelta). Allí mismo cogemos el bus nº 8 (250Y) que, cruzando toda la ciudad, nos lleva hasta la falda de la montaña donde se encuentra la entrada al teleférico, es la última parada y se llama "Shosha". Tardamos unos 10 minutos en ascender por la ladera de la montaña, mientras una chica hace una explicación del lugar en japonés.

>> MAPAS: Guía por el Templo Engyoji en el Monte Shosha

Cuando llegamos al destino, en la base del teleférico hay unas taquillas para entrar en la zona de templos, la entrada cuesta 300Y y tiene un horario de visita de 8:30 a 17h. Hay la opción de coger el tiket de 1000Y que incluye un viaje con el microbús hasta el centro del complejo y un billete de admisión al restaurante. Nosotros decidimos ir paseando y contemplando el paisaje.
Después del parking hay un cruce de caminos para empezar el recorrido, allí hay una campana de estilo budista. Escojas el camino que escojas, ambos te llevan al primer templo. Nosotros hemos escogido el de la derecha que tiene una subida algo empinada en algunos tramos. Mientras vamos caminando podemos ver un gran número de representaciones de Kannon (三十三霊場観音像) (unas 33 esculturas) diferenciadas y muy detalladas. En mitad del camino, a mano derecha hay un lugar para descansar y desde ahí hemos contemplado el valle. En los arrozales que hay en la base de la montaña hay dibujos que representan al castillo y al pájaro, símbolo y anagrama del Monte.
El primer punto de interés es Nio Mon (仁王門), una puerta budista que da la bienvenida al conjunto de edificios. Siguiendo el camino se pasa por el templo Juryoin (寿量院) pero estaba cerrado y no hemos podido visitarlo.

Más adelante está el templo Maniden (摩尼殿), el más grande del complejo. Para llegar a él hay que subir unas empinadas escaleras que llevan al interior. En la base hay una pequeña tienda que hace a su vez de posada. Allí decidimos descansar un rato y tomarnos un helado que nos sabe a gloria. Hace mucho calor. 
Antes de entrar en el templo nos "purificamos" en la fuente que hay en la entrada con un precioso dragón como surtidor de agua. 

Girando a la izquierda y tras unos minutos caminando, llegamos al que fue escenario para algunas tomas de la película "El último samurái", se trata de los Templos Daikodo, Jikido y Jogyodo. El Daikodo (大講堂) es el que se consideraba el salón principal, el Jikido (食堂) era el alojamiento y comedor y actualmente tiene un museo en el interior y se puede entrar a visitar pagando 200Y. En él hemos podido ver una colección de figuras y objetos budistas antiguos. Y finalmente, el Jogyodo (常行堂)era el gimnasio.
Al salir nos encontramos con una pareja de lugareños que nos invitan a comer uva (recordemos que la fruta en Japón es un poco cara y despreciar lo que es un manjar para ellos podría resultarles ofensivo) y nos ponemos a conversar con ellos como podemos. También nos ofrecen un trozo de hielo para refrescarnos un poco. Muy agradecidos, nos despedimos de los abueletes y nos dirigimos al tamplo Kaizando (開山堂) pasando por un mirador desde el cual se puede ver la ladera de la montaña con unas vistas preciosas. A partir de aquí decidimos descender e iniciamos la bajada por un camino que nos adentra al espeso bosque, llegando a la campana del principio donde está la bifurcación de caminos y de nuevo a coger el funicular.
Al volver con el autobús nos bajamos en una parada frente al castillo, y como es ya mediodía, aprovechamos para ir a comer en uno de los diversos restaurantes que hay en la avenida. Después de reponer fuerzas, nos ponemos de nuevo en marcha para visitar el atractivo principal del lugar, el famoso castillo de Himeji (姫路城)  junto a sus jardines, llamados Kokoen. La entrada combinada nos cuesta 800Y.
La fortificación está situada en lo alto de una colina, llamada Hime-yama (姫山), pero para acceder a ella, antes debemos hacer un recorrido por los diferentes accesos de la muralla que lo rodean. Los constructores de castillos generalmente alzaban una tenshukaku (天守) (torre principal) en el lugar más alto de los terrenos del castillo. La torre se elevaba por encima de la construcción general y ofrecía un inmejorable observatorio para espiar los movimientos del enemigo. La zona de alrededor de la torre principal era uno de los lugares más importantes del castillo y se llamaba honmaru (本丸) (recinto principal). En el Castillo de Himeji, el recinto principal era donde se tomaban las decisiones políticas. El señor del castillo, junto con su familia y parientes, residían en Ninomaru (二の丸), Sannomaru (三の丸), Nishinomaru (西の丸) y Demaru (出丸) (recintos secundario, terciario y occidental, respectivamente). En la actualidad los terrenos del castillo no han sufrido ningún cambio desde aquellos tiempos.
El edificio principal tiene seis plantas, una extensa bodega subterránea. En el piso superior hay un pequeño santuario llamado Osakabe Jinja (長壁神社) que antes de que se construyera el castillo estaba situado en el monte de Himeji, lugar donde actualmente está el castillo.
La función más importante de un castillo era la defensa contra los ataques del enemigo. Alrededor de Himeji-jo existía una red de fosos. Las piedras de las bases de los muros y las rampas proveían de una defensa extra, algunas elevadas entre recintos y pasadizos, haciendo extremadamente difícil la incursión del enemigo.

Este tipo de castillo fue desarrollado en los comienzos del siglo XVII, en los tiempos en que Japón comenzó un periodo de paz que duraría 270 años. Con el final de las guerras, los castillos adquirieron un significado diferente al de la pura defensa y el mantenimiento del poder. Sus bellas estructuras simbolizaron el espíritu del carácter samurái y el prestigio de la localidad. El Castillo de Himeji es el mayor de su clase que ha sobrevivido intacto en Japón y se dice que es el más bello. Capas blancas de yeso cubren sus muros y también sirven para estabilizar las tejas, este aspecto tan elegante ha dado pie a que sea conocido como Shirasagi (白鷺美術), la “Garza Real Blanca”.

El castillo actual fue construido en 1580 por Toyotomi Hideyoshi, donde se situaba una fortaleza de los señores locales del siglo XIV y ampliado unos 30 años después por Ikeda Terumasa, yerno del shogún Tokugawa Ieyasu. Tokugawa Ieyasu concedió el castillo a Ikeda cuando las fuerzas de éste vencieron a los ejércitos de Toyotomi. En los siglos posteriores el castillo estuvo en manos de varias familias nobles samuráis hasta la restauración Meiji de 1868.
Se conserva el mismo aspecto que presentaba en 1618, con apenas una restauración del edificio. A diferencia de muchos otros castillos japoneses, el de Himeji nunca ha sido destruido en ninguna guerra, terremoto o incendio, y sobrevive hoy en día en su forma original de 1609. Es tesoro nacional y forma parte del patrimonio mundial de la UNESCO desde 1993. 
NOTA: El Castillo de Himeji está en restauración desde octubre de 2009 hasta marzo de 2015. Dependiendo del proceso, algunas partes del castillo están cerradas al publico. Desde la primavera de 2011, los visitantes podrán observar el proceso de reparación dentro de la estructura cubierta.
Al terminar la visita y ver el castillo por completo, nos planteamos el ir a visitar los Jardines Kokoen (好古園) que hay adosados a los terrenos del castillo. Se trata de nueve jardines separados y diseñados en estilos del periodo Edo, que se extienden alrededor de la edificación principal, siendo un buen ejemplo de la forma en que los samuráis compaginaban una sólida construcción defensiva con espacios refinados.

Se puede destacar la residencia principal, con un estanque y una cascada, un jardín de té en el que los visitantes pueden degustar el té verde japonés, un bosque de pinos, jardines de bambú o jardines de flores, incluso estanques repletos de carpas.
Cansados de tanto caminar y por el calor que hace, nos dirigimos de nuevo a la parada del bus que hay delante de la puerta principal del castillo y volvemos a la estación de Himeji con la intención de regresar al ryokan.

Como estamos tan hechos polvo decidimos cenar algo ligerito en la habitación y nos vamos pronto a dormir y reponer fuerzas para el día siguiente.

*NOTA: Información del Castillo de Himeji:

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